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Jamás se había realizado una investigación así. Tres años después de que el astronauta Scott Kelly, de 55 años, pasara 341 días a bordo de la Estación Espacial Internacional (27 marzo de 2015 al 2 de marzo de 2016), 10 equipos de científicos elegidos por la NASA compararon los cambios genéticos, fisiológicos y de comportamiento que él y su hermano gemelo, Mark Kelly –quien hizo las veces de sujeto de control– presentaron.

Ambos realizaron las mismas pruebas (antes, durante y después del viaje), sin embargo no es claro si la diferencia de actividades diarias (las que hicieron en ese año el uno en el espacio y el otro en tierra) tuvo un efecto en las conclusiones de los trabajos publicados en la revista Science en abril de este año.

Lo que sí sugieren los estudios comparados es que los vuelos espaciales a largo plazo, como el que hizo Scott, causan más cambios en la expresión genética que los más cortos, especialmente en el sistema inmunológico y los sistemas de reparación de ADN.

Sin embargo, no se vieron diferencias significativas en la salud. Los autores insisten en que se necesita más investigación para comprender el impacto en el cuerpo humano de los vuelos espaciales largos, en los que hay más exposición a la radiación, dieta restringida, espacio limitado, menos ejercicio, menor gravedad y ciclos de sueño interrumpidos.

Genes que se encienden

Al parecer miles de genes que una vez estuvieron en silencio aumentaron su actividad en el cuerpo de Scott mientras experimentaba gravedad cero. Los mismos que permanecieron silenciados en el cuerpo de Mark en la Tierra. Y según el trabajo de científicos de Weill Cornell Medicine se observó una mayor cantidad de ADN mitocondrial presente en la fracción de esta macromolécula sin células de la sangre: un indicador de estrés celular.

“La expresión génica cambió dramáticamente”, dijo en comunicado oficial Christopher Mason, profesor asociado de fisiología y biofísica en Weill Cornell Medicine y líder de este capítulo del estudio.

“En los últimos seis meses de la misión hubo seis veces más cambios en la expresión genética que en la primera mitad”. Si bien muchos de estos se revirtieron después de que Scott regresó a la Tierra, quedaron algunos, incluidos déficits cognitivos, daños en el ADN y algunos cambios en la activación de las células T (parte del sistema inmunitario, se forman a partir de células madre en la médula ósea).

El estudio puede ayudar a los pacientes en la Tierra, particularmente a aquellos con cáncer que a menudo sufren cambios genéticos dramáticos y soportan la exposición a la radiación.


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