Tras regresar de su aventura realizada en las aguas profundas, el buzo decidió explorar el fondo cerca de la costa y tropezó con un pepino de mar. Dado que no había visto nada parecido antes, el hombre pensó que se trataba de un trozo largo de ropa que un día se hundió en el océano.

Sin embargo, tras tocarlo para levantarlo de fondo, este trozo empezó a moverse y el buzo entendió que era un habitante marino vivo. La criatura, que se estiró en la arena, medía más de dos metros mientras que su cabeza parecía a la de una alienígena con 15 tentáculos.

Estos tentáculos se extendían y se movían al centro de la cabeza repetidamente. Parecía que el animal trataba de filtrar algo comestible que acumulaba en su boca. Realmente los pepinos marinos recogen arena y escombros del fondo oceánico y digiere solo la materia orgánica.


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