En la época de la Segunda Guerra Mundial, los países del Eje —la Alemania nazi, el Reino de Italia y el Imperio japonés— solían compartir tecnologías secretas y armamentos avanzados. El submarino japonés I-52 también estaba entre los navíos que transportaban sustancias químicas y componentes de armas.

Así, en la base naval de Lorian, ubicada en la parte ocupada de Francia, tenía que ser cargado con 800 kilogramos de dióxido de uranio, destinado a la creación de la llamada ‘bomba sucia’ radiactiva que podría ser utilizada por los militares japoneses contra EEUU.

No obstante, el 6 de junio de 1944, el agregado naval japonés en Alemania, el contraalmirante Hideo Kojima, envió al capitán del submarino un radiograma en el que le informó de que las fuerzas británicas y estadounidenses iniciaron el desembarco en las playas de Normandía, en el norte de Francia. De este modo, los marineros japoneses se vieron obligados a cambiar de ruta y dirigirse hacia un puerto noruego, mientras que una reunión prevista con el sumergible alemán U-530 —en la que los nazis tenían que dar a los japoneses una máquina de cifrado Enigma combustible— tuvo que realizarse en un punto secreto, cerca de Cabo Verde.

Sin embargo, las conversaciones entre Alemania y Japón fueron interceptadas por los servicios secretos de la 10 Flota de EEUU, que tenían por objeto controlar los movimientos de los submarinos enemigos en el Atlántico. Al cruzar el océano Índico, el sumergible japonés entró en el Atlántico y una unidad de búsqueda y asalto estadounidense —integrada por el portaviones Bogue, nueve cazas FM-2 Wildcat, doce bombarderos TBM-1S Avenger y cinco destructores— empezó a perseguir al navío japonés.

El 23 de junio, los estadounidenses llegaron al supuesto lugar en el que se encontraba el submarino japonés. Al localizar el objetivo, el piloto del Avenger, el teniente Jesse D. Taylor, lanzó un proyectil de fogueo y se preparó para atacar el I-52 con un torpedo.

Por su parte, los japoneses realizaron una inmersión de emergencia, no obstante, el segundo ataque —llevado a cabo por el teniente William Gordon y el comandante del grupo, Aurelius Vosseler— hundió la nave nipona. A la mañana siguiente, el destructor Janssen halló los escombros del submarino japonés en la superficie del agua.

Pese a que los restos del sumergible fueron localizados por un equipo de investigadores en 1995, todavía no han sido recuperados del fondo marino.


Aviso: NotasNet.info es un portal de noticias con fin recreativo y sin ánimo de lucro

ntpc