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El armazón que lleva en la espalda Sönke Rössing no pesa más que una mochila y tampoco es más grande ni aparatoso. El especialista del fabricante alemán de prótesis Ottobock cree que la tecnología de soporte y tracción con las correas del exoesqueleto proporcionará grandes ventajas a los trabajadores manuales en fábricas e incluso en el hogar.

Pintar las paredes, cortar los setos del jardín o cualquier otra tarea que haya que realizar alzando los brazos será más sencilla con el exoesqueleto. “Mi sueño es que el año que viene se pueda comprar como regalo de Navidad un exoesqueleto para todos los aficionados al bricolaje”, asegura.

Hasta ahora, los exoesqueletos se conocen sobre todo por su uso médico en la rehabilitación de personas parapléjicas, pero en el mundo laboral cada vez están cobrando más importancia y también se han ido haciendo más compactos.

Sus usos son muy variados: pueden, por ejemplo, aligerar el peso sobre los brazos en los trabajos por encima de la cabeza, o ayudarlos a levantar objetos pesados. Desde el punto de vista científico no está, sin embargo, confirmado aún que vayan a resolver los problemas de salud que sufren los trabajadores.

Rössing y la empresa para la que trabaja, Ottobock, han desarrollado su modelo, llamado Paexo, durante seis años, hasta que finalmente lo sacaron al mercado hace poco.

El proyecto surgió porque la automotriz alemana Volkswagen acudió a ellos en 2012 buscando una solución para las muchas tareas por encima de la cabeza que se realizan en las fábricas y que afectan a los brazos y los hombros. Después de hacer pruebas con modelos pesados de tracción hidráulica, los expertos fueron diseñando poco a poco un sistema más compacto y liviano.

El dispositivo se ajusta con un cinturón a la cadera desde el que salen dos barras de metal en cuyo extremo hay unas articulaciones que reflejan hacia afuera las articulaciones de los hombros. De allí salen otros dos apoyos hasta los antebrazos. Con ayuda de la tracción por cables, la carga que soportan los brazos es redirigida a la cadera a través de los hombros o la espalda.

Pero ¿pueden estos exoesqueletos ser la receta contra los dolores de espalda o los problemas con vértebras y rodillas? “En la actualidad hay un intenso debate en la comunidad científica”, dice Sascha Wischniewski, de la Institución Federal alemana de Protección Laboral y Medicina del Trabajo (BAUA).

La cuestión fundamental es si estos sistemas realmente apoyan al cuerpo o solo reparten el peso. “En general, el peso se redirige a otra parte del cuerpo”, opina Benjamin Steinhilber, de la Clínica Universitaria de Tubinga, en el sur de Alemania. “Todavía es pronto para saber si el aumento de la sobrecarga en otra parte del cuerpo causará problemas físicos”.

A los clientes a los que Ottobock ya les ha vendido el exoesqueleto les interesa que las soluciones ergonómicas y los nuevos tipos de ayuda les permitan tener una plantilla sana pese al aumento de la expectativa de vida y el retraso de la edad jubilatoria y pese a realizar tareas duras durante varias horas al día.

Es imposible saber si se cumplirá el sueño de Rössing de un exoesqueleto como regalo de Navidad en 2019, aunque el precio de venta de 4.900 euros (5.500 dólares) reduce bastante el número de potenciales clientes privados.


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