Los llamados ‘almendrones’ son sustento para muchas familias y fuente de solidaridad entre los auténticos aficionados.

Ni el príncipe Carlos de Gales y su esposa, la duquesa Camilla, se pudieron resistir a la tentación de dar un paseo en un automóvil retro durante su visita de tres días a Cuba, a principios de esta semana.

Hay en la isla miles de mecánicos dedicados a mantener con vida a estos ancianos metálicos, que reflejan el devenir histórico del país.

Cuando EE.UU. decretó el bloqueo y cortó las relaciones comerciales con La Habana, los dueños de automóviles norteamericanos no pudieron sustituirlos por modelos más modernos y se vieron frente al reto de mantenerlos en funcionamiento. Desde entonces, y por necesidad, forman parte del paisaje cubano.

Uno de esos mecánicos especializados en autos antiguos, Fernando Barral, señaló en declaraciones a RT que gran parte del éxito es “adaptarles cosas de otros carros a estos modelos, porque la original es casi imposible conseguirla”. Esta práctica se debe mucho “a esa falta de recursos” que hizo que los cubanos desarrollaran “una especie de defensa”.

Popularmente, estos vehículos se conocen como ‘almendrones’. En la década de 1990, en medio de una profunda crisis económica, eran odiados por ser altos consumidores de combustible; pero cuando Cuba abrió las puertas al turismo y al trabajo privado, su destino cambió y se convirtieron en una fuente de ingresos para sus propietarios.

Hacia un récord

El presidente del club de autos antiguos ‘A lo cubano’, Alberto Gutiérrez, destaca que un carro “no es solamente un carro”. En su opinión, se han convertido en patrimonio, en historia, en cultura. “Actualmente es el sustento de muchas familias, y hemos aprendido a mantenerlos con pocos recursos”.

Más allá de la creatividad de los mecánicos y el amor de sus dueños, hay otro secreto que explica la sobrevivencia de estos viejos vehículos: la solidaridad. Por este motivo, Gutiérrez y un grupo de amigos fundaron el club que promueve la pasión por esos autos. Todos los sábados, sus miembros se reúnen con la disciplina de una hermandad.

Con motivo de la celebración del 505º aniversario de La Habana, este año el club contempla batir un récord Guinness. Sus miembros quieren juntar 2.000 automóviles fabricados antes de 1960. Será un homenaje a la creatividad de los cubanos y a una urbe que ha asumido a los autos antiguos no como piezas de museo, sino como parte útil de su vida diaria.


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