Según la historia académica, en la antigüedad no existieron contactos entre los pueblos del Medio Oriente y los del Nuevo Mundo. Sin embargo, las evidencias de un antiguo contacto entre estos dos mundos, separados por el Océano Atlántico, son tales y tantas que, en mi opinión, se puede hablar de un pre-contacto, el cual, no obstante, no fue oficializado ni divulgado a las masas, como durante la expedición de Cristóbal Colón, sino que permaneció oculto y sólo las élites del tiempo pudieron aprovecharse de algunos secretos, como por ejemplo la ubicación de minas (ver mi artículo sobre la tierra de Ofir) y el uso de algunas plantas medicinales.

En algunos de mis artículos analicé la posibilidad de que el precontacto haya sido real, sea estudiando algunos petroglifos (como en el caso de la Piedra de Ingá), sea analizando algunos objetos (como la Fuente Magna o el Monolito de Pokotia), sea profundizando en algunos casos controversiales de historia reciente (como el caso de la biblioteca metálica del Padre Carlo Crespi), sea examinando antiguos senderos que de la costa del Brasil llevan al interior del continente (como el camino del Peabirú).

Hay, sin embargo, otra prueba muy importante, que esta vez fue encontrada no en Suramérica, sino en algunas momias egipcias.

Como sabemos, la planta de la coca (erytroxylon coca) es originaria de Suramérica y no crece en ningún otro ambiente.

Ni siquiera en México tropical crece esta planta, tanto que los narcotraficantes deben importarla obligatoriamente de Suramérica. Dentro de la hoja de coca hay un alcaloide llamado cocaína (no confundir con la droga química llamada también cocaína).

Conocemos el uso tradicional y ancestral que los pueblos indígenas de Suramérica hacen de la hoja de coca: la mastican y obtienen un efecto estimulante y anestésico. Según la historia académica, esta planta era seguramente desconocida fuera de Suramérica antes de 1492.

¿Cómo es posible entonces que se hayan encontrado restos del alcaloide cocaína en algunas momias egipcias que se remontan a épocas comprendidas entre el 1070 a.C. y el 395 d.C.?

El descubrimiento, que fue efectuado por la científica alemana Svetlana Balabanova en 1990, probó inderogablemente que en las momias egipcias presentes en el museo de Mónaco y también en otras conservadas en Sudán, hay presentes restos de cocaína y también de nicotina (tabaco, nombre científico nicotiana tabacum). Sabemos que el tabaco es también una planta endémica de Suramérica y, por tanto, surge la pregunta: ¿cómo es posible todo eso?

En lo que concierne a los restos de nicotina, se planteó la hipótesis de que algunas plantas parecidas al tabaco se cultivaron en Asia y África en tiempos antiguos, mientras que para el caso de la coca, no hay explicación.

El alcaloide de la cocaína fue luego encontrado en 71 esqueletos humanos hallados en Nubia, que se remontan a un período comprendido entre el 600 d.C. y el 1100 d.C.

¿Puede ser esta una prueba definitiva del contacto entre los pueblos del Medio Oriente (en este caso, del antiguo Egipto) y los de Suramérica?

Los escépticos plantearon innumerables teorías para sostener que el hallazgo de la estudiosa Balabanova no debe ser considerado como una prueba del precontacto: sostuvieron que las momias fueron contaminadas y que las pruebas no fueron conducidas con métodos científicos, lo que no corresponde a la verdad.

Algunos sostuvieron que las momias analizadas eran falsificaciones, pero también eso fue refutado. La mayoría de los científicos académicos criticó, no obstante, el descubrimiento de Balabanova sólo por el hecho de que un contacto entre egipcios y pueblos de Suramérica era para ellos imposible y, por esta razón, lo descartaron a priori.

En mi opinión, los restos de alcaloide cocaína hallados en las momias egipcias es una de las pruebas de que el continente americano (en este caso, Suramérica) era conocido por los pueblos del Medio Oriente, que viajaban allí para intercambiar productos con algunos pueblos indígenas.

Ciertamente, estos viajes no se hacían públicos, sino que se mantenían en secreto.

Las rutas para llegar a Suramérica eran celosamente custodiadas y no eran divulgadas, sino que, al contrario, estos conocimientos estaban reservados a pocos, sólo a las élites del tiempo.

Por: Yuri Leveratto
yuri leveratto

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