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Los soldados de la Wehrmacht arriesgaron su vida para defender a los prisioneros franceses más importantes.

Cinco días después de que Hitler se suicidase en su búnker de Berlín y dos antes de la rendición nazi, tropas estadounidenses y alemanas lucharon juntas en la que seguramente es la batalla más extraña de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, lo más sorprendente de todo es que Hollywood no haya hecho ya una película sobre semejante unión bélica.

En los últimos coletazos de la Alemania nazi, el 5 de mayo de 1945, tres tanques Sherman de 12ª División Blindada de Estados Unidos, bajo el mando del Capitán John C. ‘Jack’ Lee Jr., liberaron el castillo de Itter, una fortaleza en la zona del Tirol (en la anexionada Austria) que servía a los alemanes para internar a los prisioneros VIP del régimen francés. Entre ellos destacan los ex primer ministros Édouard Daladier y Paul Reynaud, los altos mandos del Ejército Maxime Waygand Maurice Gamelin, y la hermana mayor de Charles de Gaulle.

Sin embargo, cuando las Waffen-SS, el cuerpo de combate de élite dirigido por Heinrich Himmler, se propusieron capturar el castillo y ejecutar a los prisioneros, al batallón asediado de Lee (claramente superados en número) se les unieron soldados alemanes anti-nazis de la Wehrmacht. Y, para mayor gesta, los prisioneros franceses y sus mujeres decidieron quedarse y plantar cara a una de las mejores tropas del Tercer Reich.

Si las SS hubieran conseguido matar a los prisioneros, la historia de la Francia de posguerra habría sido radicalmente diferente

Se trata de la única vez en toda la seguenda guerra mundial que tropas estadounidenses y alemanas unieron sus fuerzas en combate. Hasta entonces solo habían colaborado en la búsqueda de heridos. Y, por qué no decirlo, también se trata de la única vez que EEUU ha defendido un castillo medieval ante tropas enemigas. Aunque se tratase de una fortaleza centenaria, estaba estratégicamente bien situada y les daba a sus defensores la ventaja de la altura.

castillo danado
Los daños al castillo de los 88mm después de la batalla

Héroes nacionales

Como cuenta Stephen Harding, historiador y editor de la revista ‘Military History’, en su libro ‘The Last Battle: When U.S. and German Soldiers Joined Forces in the Waning Hours of World War II in Europe‘, el triunfo aliado en la batalla se debe a la pericia de los dos actores principales.

Itter-Gangl
Mayor Josef “Sepp” Gangl

Por un lado, Jack Lee, que se presentó voluntario para dirigir la misión y es descrito como un guerrero inteligente, innovador y, cómo no, con gusto por los cigarros y el alcohol. El otro, el mayor de la Wehrmacht Josef Gangl, que recibió un disparo mortal ayudando a los estadounidenses a proteger a los prisioneros. El americano fue ascendido poco después y condecorado con la Medalla de Servicios Distinguidos y la Estrella de Plata. Para Gangl, el reconocimiento vino de parte del pueblo austriaco, que lo nombró héroe nacional.

A pesar de que se les ordenase ocultarse, los prisioneros franceses dejaron de lado sus diferencias para unirse contra el fuego de las SS. “Si hubieran conseguido meterse en el castillo y matar a las personalidades allí reunidas, la historia de la Francia de posguerra habría sido radicalmente diferente. Estas personas formularon las políticas que llevaron al país al siglo XXI. Si hubieran muerto, ¿quién sabe qué habría pasado?, señala Harding en una entrevista con la ‘BBC‘.

Uno se puede preguntar cómo todas estos líderes llegaron a aquella prisión tan remota. Pues bien, Harding asegura que en caso de que Himmler acabase en manos enemigas, servirían de intercambio a cambio de su propia inmunidad y trasporte a un país amigo, como Argentina.

¿Amigo o enemigo?

“Alrededor de las 04:00 a.m. Jack Lee se despertó por los repentinos disparosde los fusiles M1 Garand, los rifles Kar 98 y la verborrea mecánica de los calibre 30, escupiendo rondas en ráfagas cortas y controladas. Sabiendo instintivamente que el estruendo procedía de la puerta de entrada, Lee rodó en la cama, agarró su casco y su subfusil M3 y salió corriendo de la habitación”, relata Harding sobre el asalto inicial, como si de una novela se tratase.


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