En horas de la madrugada de este miércoles, murió el físico británico Stephen Hawking en su casa de Cambridge, Inglaterra, a los 76 años tras padecer, desde los 21 años, esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

ELA es una enfermedad que suele ser letal, pero, en el caso de Hawking, tardó 55 años en provocar su muerte. La ELA fue avanzando con el paso de esos años hasta que lo dejó prácticamente paralizado, pero esto no lo frenó en su objetivo de seguir investigando.

Las personas con esta patología manifiestan debilidad en piernas, brazos, manos, dificultad para hablar y tragar, ya que sus músculos resultan afectados. Una de las problemáticas es el retraso en el diagnóstico de la enfermedad, lo cual implica un comienzo del tratamiento multidisciplinario más tardío. El diagnóstico muchas veces no es sencillo, y entre la aparición de los primeros síntomas y la confirmación de la enfermedad, puede pasar un año y medio.

Entre un 90 y 95 por ciento de los casos de ELA ocurre aleatoriamente sin que exista algún factor de riesgo asociado o una historia familiar de la enfermedad. Los pocos casos restantes se explican por factores genéticos, generalmente por un patrón que requiere que solamente uno de los padres lleve el gen responsable de la enfermedad.


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