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En 1999 hallaron en los bolsillos de un cadáver unas misteriosas notas escritas en una clave desconocida. El FBI pidió ayuda a la comunidad internacional a través de Internet para desentrañar el misterio.

El FBI se ha rendido: después de años de fracasos ha decidido pedir ayuda a la comunidad internacional para intentar descifrar dos notas manuscritas encontradas en el tórrido verano de 1999 en el cadáver de Ricky McCormick.

El Federal Bureau of Investigation ha optado por colgar en su página de Internet ambos documentos, escritos en clave, para ver si alguien es capaz de desentrañar lo que ya se conoce como el código McCormick. Parece un enigma de ficción propio de Los bailarines de Arthur Conan Doyle, pero no lo es. Entre otras cosas, esos pedazos de papel podrían aclarar la extraña muerte de ese ciudadano.

“Ahora apenas hay mensajes secretos en papel. Lo más habitual son los archivos PGP”, dice un portavoz del CNI

Ricky McCormick nació en St. Louis, Missouri, alrededor de 1957, tras la escuela, no se le conoce una dirección precisa, solo que tuvo antecedentes penales y fue arrestado en Illinois por un delito de violación por el que pasó 11 meses en prisión. Padre de 4 hijos, nunca estuvo casado, y en el momento de su muerte vivía como un indigente y se alimentaba en comedores sociales.

El 25 de junio de 1999, McCormick, salió del consultorio de su médico tras recoger medicamentos para enfermedades cardiacas y pulmonares, y nunca más se le volvió a ver con vida. 5 días después un granjero halló su cuerpo en un maizal a 30 kilómetros del domicilio de McCormick. El cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición y los forenses no se pusieron de acuerdo en la causa de la muerte, a pesar de que McCormick parecía tener un golpe en la cabeza.

El asesinato de este hombre de color, un don nadie sin oficio ni beneficio, jamás habría trascendido al mundo de no haber sido porque en uno de los bolsillos de su pantalón llevaba dos trozos de papel.

El FBI explica: “Las más de 30 líneas codificadas usan una exasperante variedad de letras, números, guiones y paréntesis. McCormick ni siquiera había terminado los estudios de secundaria, pero sabía leer y escribir y era un chico listo. Según su familia, McCormick había usado ese tipo de notas encriptadas desde que era un niño, pero aparentemente ninguno de sus parientes sabe descifrarlas”. Los investigadores suponen que McCormick escribió estas notas tres días antes de su muerte.

La Unidad de Análisis Criptográfico y Antifraudes del FBI se volcó en el reto de aclarar el código McCormick. No lo consiguió, a pesar de emplear las técnicas y las máquinas más refinadas. La American Cryptogram Association tampoco logró el menor resultado. Todo un enigma.

¿No serían esos escritos un simple divertimento del propio McCormick? No. Nadie inventa un código secreto para su propio placer, sino por utilidad: para comunicar algo a alguien, con la intención de que ese lenguaje sea conocido solo por ambas personas. Y por nadie más. Por algo es un código encriptado. Eso es lo que suponen los especialistas del FBI. ¿Qué es lo que quería comunicar McCormick en las dos notas ininteligibles que guardaba en su pantalón? ¿Y a quién?

El FBI decidió el 29 de marzo del 2011 solicitar a través de Internet la ayuda del público para resolver este enigma. El jefe de la Unidad de Análisis Criptográfico y Antifraudes, Dan Olson, ha admitido que “los procedimientos habituales del descifrado han chocado contra un muro”. Para avanzar, los analistas necesitan otra muestra del código McCormick o alguno similar que pueda servir para desentrañarlo.

Algo así como lo que en su día significó el hallazgo de la piedra Rosetta, en 1799, para poder comprender los jeroglíficos egipcios.

Es la primera vez que el FBI pide colaboración para descubrir un código secreto. A quien lo consiga, le ofrece como recompensa “la satisfacción de saber que quizá ha contribuido a llevar ante la justicia a un asesino”, además de la fama mundial que obtendrá el que logre semejante proeza.

Quien tenga una idea brillante, conozca códigos similares o posea información sobre Ricky McCormick y sus amistades, puede ponerse en contacto con el Laboratorio de Análisis Criptográfico y Antifraudes del FBI en Quantico (Virginia).

La ciudad de San Luis, cercana a donde fue hallado el cadáver de McCormick, está vinculada a otro enigma similar: de San Luis procedía una carta enviada en 1820 por un tal Thomas Jefferson Beale al dueño de un hotel de Lynchburg (Virginia) poniéndole en la pista de una fortuna en oro y plata enterrada por él. Para localizarla era preciso descifrar tres pergaminos. Uno de ellos fue dilucidado al descubrirse que la clave estaba en la Declaración de Independencia de EE UU, pero los otros siguen sin descodificar. Y el tesoro permanece oculto.


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