¡Y se acabó otro año! En 2017 escribí sobre muchas noticias ambientales, locales y globales.

En lo global, aparte de conocer la aceleración del descongelamiento de los polos y el incremento del nivel de los mares, considero dos noticias ambientales importantes: el anuncio de que el fuselaje de la estación espacial internacional se ha cubierto de organismos microscópicos extraterrestres que aparentemente no representan un peligro para nuestro planeta azul. Pero inmediatamente después de esta noticia, se anunció que desde varios puntos de observación planetaria fue detectado un objeto que entró a nuestro sistema solar. Hasta ahora lo califican como un aerolito, pero…

Aerolitos, meteoritos y cometas, dejan una cola visible, una cauda que los caracteriza. Además tienen forma irregular, más o menos ovoide o redondeada. Se le ha llamado “Oumuamua” y su forma es también inusual: es cilíndrica y mide 400 metros de largo.

Como viene de fuera de nuestra galaxia se le considera el primer objeto interestelar que nos visita.

¿Irá de paso, llegará a algún planeta vecino, o aquí? Hasta ahora nada sabemos al respecto. Lo que fue ya confirmado por científicos de la Universidad de Belfast es que viene cubierto de una capa de “compuestos orgánicos”. ¿Qué significa esto? Significa que transporta los elementos esenciales de la vida, la materia prima para crear organismos complejos, tanto o más que nosotros mismos.

En una columna pasada dije que estamos deseosos de enfrentarnos a seres extraterrestres. Verlos, preguntarles mil cosas, como si ellos nos entendieran y tuviesen el mismo deseo de intercambiar experiencia y conocimientos. Pero si nosotros pasamos por un hormiguero, con una frenética, compleja y sofisticada vida organizada, nunca pensamos en pararnos a dialogar con esas hormigas, pensamos que no están a nuestro nivel de inteligencia. ¿Qué tal si a los extraterrestres les sucede lo mismo respecto de nosotros?

Cualquiera que sea el destino de Oumuamua, quizá sea la noticia de noticias de toda la historia. Pienso que su cargamento o bien sus pasajeros y tripulación, pudiesen ser embajadores extragalácticos, después de todo, esa sería una forma práctica de hacer contacto con nosotros. Esos compuestos orgánicos podrían ser la cura del cáncer y la obesidad. La receta contra la usura, corrupción, concentración de riqueza y la marginación. Que 2018 nos traiga sorpresas ambientales positivas. Conservemos la salud o la recuperemos si le hemos extraviado.

El autor es investigador ambiental independiente.

Por: Alberto Tapia


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