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El lanzacohetes BM-13, mejor conocido como el Katiusha, fue una de las armas más temidas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Fue justo hace 79 años, el 21 de junio de 1941, cuando este legendario sistema fue adoptado por los militares soviéticos.

La historia de la creación del Katiusha es igual de interesante que el propio lanzacohetes, y se remonta a los años 20 del siglo XX. En aquella época los ingenieros soviéticos trabajaban activamente sobre la creación de proyectiles propulsados por motores de cohetes.

Ya entre 1937 y 1938 la Fuerza Aérea introdujo dos modelos de este tipo de proyectiles, los RS-82 y RS-132, con un calibre de 82 y 132 milímetros respectivamente. Los primeros eran empleados por los cazas I-15, I-16, I-153, y posteriormente por los aviones de ataque Il-2. Los de calibre más grande solo eran portados por los aviones de ataque Il-2 y los bombarderos SB.

Poco después la Dirección de las Fuerzas de Artillería les encomendó a los diseñadores que crearan un sistema de cohetes múltiples basándose en los proyectiles RS-132. Así surgió el cohete explosivo-rompedor M-13.

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Comparado con su antecesor aéreo, tenía un alcance más largo, que ascendía a los 8,5 kilómetros, así como una mayor potencia explosiva. Lógicamente, eso ha sido posible gracias a una mayor cantidad de combustible y una carga de combate más grande. De hecho, el proyectil pasó a medir 1.410 mm en lugar de los 845 mm originales.

También fue diseñada una lanzadera múltiple autopropulsada, que en un principio estaba basada en el camión ZIS-5 y tenía 24 raíles de lanzamiento. Posteriormente su número fue reducido hasta 16. Así, la lanzadera se hizo más universal y podía instalarse sobre distintos camiones, e incluso sobre los barcos.

Se tardaba entre siete y diez segundos en lanzar todos los proyectiles. Después de ello, el vehículo en cuestión de minutos estaba listo para cambiar de ubicación, y evitar así una respuesta por parte del enemigo.

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Las pruebas estatales del BM-13 fueron finalizadas en marzo de 1941, y el 21 de junio, unas pocas horas antes del comienzo de la guerra, el sistema de cohetes fue presentado a los altos mandos militares. Estos no tardaron en adoptar la nueva máquina y preparar su fabricación en masa.

Unos días más tarde la primera batería compuesta por siete Katiushas, bajo el mando del capitán Iván Flérov, emprendió su camino al frente. Se considera que su bautizo de combate tuvo lugar el 14 de julio.

Aproximadamente a las 15.15 horas, a las afueras de la ciudad bielorrusa el Ejército Rojo asestó un golpe contra la concentración de las fuerzas enemigas. Según los testigos del evento, el efecto sorpresa junto con la devastación causada por los Katiushas fue de tal magnitud, el generó pánico en las filas de los alemanes.

No se sabe exactamente de dónde surgió el famoso apodo del BM-13. Pero según una de las leyendas, fue precisamente tras este ataque, ocurrido a las orillas de un río, igual que los sucesos en la famosa canción homónima.

La producción en masa comenzó a finales del verano y en total fueron fabricadas unas 6.800 unidades del BM-13. Durante la guerra estos sistemas de cohetes se usaban tanto para despegar unas amplias áreas de fuerzas enemigos, como directamente contra los blindados alemanes. Para ello, se cavaba una trinchera especial, dónde el vehículo bajaba solo con su parte delantera.

De tal modo era capaz de lanzar sus proyectiles en paralelo a la superficie. Gracias a su poderío y efectividad en el campo de batalla el Katiusha se convirtió en uno de los símbolos de la victoria, al igual que el tanque T-34 y el avión de ataque Il-2.


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